top of page

Portrait

El respeto –y a veces la decepción- que nos inspira el ser humano ha quedado claramente recogido en estos retratos realizados por Guillermo Asián desde comienzos de los años ochenta. Son miradas simbólicas cargadas de personalidad, que nos acercan con tanta intensidad a los personajes, que sólo les falta hablar. Por su estudio han pasado desconocidos, amigos y también grandes figuras de la cultura. Todos ellos dejaron allí lo más hondo de sí mismos, y ahora que el viento lo ha barrido todo, parece que recobran una vida infinita.

 

Recuerdo aquellas sesiones. En el ambiente siempre flotaba cierta intriga, como si estuviera a punto de ocurrir algo inesperado. Nada era casualidad. Tengo la sensación de que incluso antes de comenzar a disparar, ya sabía lo que quería y cómo obtenerlo. He visto a Guillermo modelando el haz de luz de la ampliadora, trazando nuevas texturas, desvelando o tapando rincones, guiándose por la sorprendente precisión de su reloj biológico. Unos segundos más tarde, alzaba el papel fotográfico con la misma concentración que había empleado en realizar las tomas.

Tienes que amar mucho tu trabajo para hacer las cosas así. Y eso se nota /

 

"El retrato es encuentro, sorpresa...

Acercarse obliga a respirar al unísono.
En ese espacio compartido los ojos traspasan la lente, hilo conductor de poderosa energía...
"


"El retrato  descubre rincones oscuros en un instante.

Crea vínculos o rechazos. Es un arma o un salvoconducto.
Al captar un retrato hago el amor o declaro la guerra.
Es el principio de una mirada que me es devuelta
, inquisitiva, sorprendida, plena... o carente de contenido".

A pesar de todo...

nunca es lo que parece

¿Recuerdas el encuentro con Peckinpah?
Había visto mil veces Grupo salvaje, La cruz de hierro y Duelo en la alta Sierra. No podía creer que estuviéramos allí sentados,  hablando de Warren Oates. Tomamos unos vinos en el hotel donde se alojaba, el Wellington, y después caminamos por Madrid. Hice algunas fotos nocturnas con la sensación de estar dejando escapar momentos decisivos. Todo iba más rápido que mi ojo. Por fin, se paró a contemplar a una muchacha que bailaba despacio en una terraza de la Plaza Mayor. Apreté el disparador varias veces y después, ya a solas con mi caja de luz, supe que Sam se quedaría para siempre conmigo en aquella película hecha pedazos
Has captado retratos del alma y escenas de un dramatismo que seduce
En realidad nunca estaba satisfecho con mi trabajo. Sólo valoraba las imágenes de Irving Penn, las de Avedon... las de los grandes maestros que siempre fueron mis referentes...
Eras muy exigente contigo, amigo

Me desprendía de las fotos, las regalaba. Aún lo hago. No tenían valor para mí una vez realizadas. Ahora es distinto y me peleo con el tiempo al verlas. Me importan, me sumerjo en ellas, aguanto el aire  y rescato vivos los recuerdos...

bottom of page